ESPONDILOARTROPATIAS

La espondilitis anquilosante es una enfermedad reumática crónica, que se caracteriza por la inflamación y la rigidez, afectando principalmente a la movilidad del esqueleto axial.

Las principales alteraciones que con el paso de la enfermedad afectan a estas personas son protrusión cervical, hipercifosis dorsal, pérdida de la lordosis lumbar, antepulsión y rotación interna de la cintura escapular, flexión y rotación interna de la cintura pélvica, añadiéndose problemas en la función respiratoria debidos a la rigidez de la caja torácica.

Su tratamiento tiene dos ramas importantes: La farmacológica, para el control de la inflamación y el dolor; y la actividad física. Los objetivos de esta última son la reducción del dolor y rigidez, prevenir la deformidad de modo que se mantenga una postura correcta, mejorar la salud psicosocial, pero sobre todo estos tres últimos: incrementar la movilidad, mantener o mejorar la función respiratoria y mejorar la funcionalidad de estas personas. Para la consecución de estos objetivos se deberá elaborar un programa de actividad física específico para estas personas, previa evaluación de cada sujeto debido a las diferentes etapas por las que se pasa en esta enfermedad y por consiguiente, diferentes objetivos.

Los aspectos básicos que hemos de tener en cuenta con estos sujetos en cada uno de los componentes de citado programa de actividad física son: movilidad y flexibilidad, fuerza, ejercicios respiratorios y resistencia aeróbica. A estos se les podrían añadir deportes y actividades recreativas dependiendo del estado del sujeto. Siempre teniendo en cuenta que la espondilitis anquilosante es una enfermedad crónica, por lo que el programa de actividad física será una medida paliativa nunca curativa.

¿Cuáles son los síntomas?
El síntoma de presentación más frecuente en las espondiloartopatias es el dolor de espalda, pero puede comenzar de manera atípica en las articulaciones periféricas, especialmente en niños y mujeres, y en pocos casos como uveítis anterior. El dolor de espalda recidivante, con frecuencia nocturno y de intensidad variable, es un síntoma muy habitual, así como la rigidez matinal que mejora con la actividad. La postura flexionada o con inclinación mejora el dolor de espalda y el espasmo de la musculatura paravertebral, por eso es frecuente un cierto grado de cifosis en los Pacientes que no reciben tratamiento. Otros signos y síntomas tempranos son problemas en la función respiratoria debidos a la rigidez de la caja torácica, fiebres, fatiga, anorexia, pérdida de peso y anemia.
Se caracteriza por brotes leves o moderados de espondilitis activa que alternan con períodos de inactivación total o casi total de la inflamación.

ARTRITIS

La artritis, como su nombre indica, es una inflamación de las articulaciones, siendo la artritis reumatoide su forma mas común, entre más de 100 tipos diferentes de artritis. Es una enfermedad inflamatoria crónica, caracterizada por la afectación simétrica de múltiples articulaciones y la presentación de diversos síntomas generales inespecíficos y manifestaciones extraarticulares.

La artritis se manifiesta típicamente por dolor, tumefacción y rigidez o dificultad de movimiento en diversas articulaciones pequeñas y grandes. Los síntomas generales, que a veces preceden a las manifestaciones articulares y tienden a persistir durante toda la evolución del trastorno, incluyen básicamente cansancio, sensación de malestar, fiebre ligera, inapetencia y pérdida de peso corporal. Las posibles manifestaciones extraarticulares, que suelen presentarse cuando la enfermedad ya está establecida, afectan principalmente a la piel, los vasos sanguíneos, el corazón, los pulmones, los ojos y la sangre.

La artritis reumatoide es una enfermedad crónica provocada por causas y mecanismos complejos y no suficientemente conocidos, por lo cual no es de extrañar que su tratamiento sea igualmente complejo y prolongado. Lamentablemente, el tratamiento disponible en la actualidad no permite curar la enfermedad, aunque sí aliviar de manera notable la intensidad de las manifestaciones, reducir o incluso frenar la actividad inflamatoria y prevenir las secuelas, antaño características, de las fases avanzadas. El tratamiento consiste básicamente en la combinación de una terapia no farmacológica y una terapia farmacológica. De forma complementaria, a veces se recurre a la cirugía, por ejemplo para reconstruir un tejido afectado o para reemplazar una articulación muy dañada por una prótesis.

¿Cuáles son los síntomas?
La artritis reumatoide tiene una forma de inicio sumamente variable, aunque hay algunos patrones de comienzo de la enfermedad que son más o menos característicos. En la mayoría de los casos, los primeros síntomas corresponden a manifestaciones de inflamación articular, en particular rigidez matutina, dolor y tumefacción, no siendo extraño que estén precedidas por manifestaciones generales inespecíficas, como malestar general, cansancio, fiebre ligera y pérdida de apetito. En general, los síntomas que denotan la inflamación articular suelen intensificarse gradualmente a lo largo de semanas o meses, aunque puede ocurrir que en el comienzo de la enfermedad se presenten de forma brusca e intensa.

Lo más frecuente es que en las fases iniciales se comprometan las articulaciones pequeñas de las manos y los pies, que suelen afectarse de forma simétrica a ambos lados del cuerpo. Más raramente, las primeras articulaciones afectadas son las más grandes, como los tobillos, las rodillas, los hombros, los codos, las muñecas y las caderas.